Soñé que estaba gordita

Mamita nunca fui flaquita, sigo gordita. Mi mamá cuidó bien de mi, a pesar de que pelearon antes de irte. Ella no habla mucho, antes estaba triste en sus fotos, como cuando el ejército mató a tu papi por pura inquina personal, pero de unos meses para acá está muy feliz, dice que pronto se reunirá contigo y el abuelito Salomé ¿será que sospecha de su cáncer de higado? Hemos aprendido a vivir en paz, no tenemos rencor, mi tío sigue en el ejército.

En estos días que se cumple el aniversario de la última vez que nos viste, te despediste de mi con lágrimas en los ojos, mientras dabas dinero a mamita para que yo fuera al doctor, te extraño y quisiera tenerte conmigo. Papá, que nunca regresó de Cuba, no nos conoce, mi hermano y yo hemos crecido bien, mi mamá te contará como estamos, aunque ella no cree que a veces vienes en sueños a cobijarme como cuando dormiste conmigo la última noche.

No estoy enojada, el ejército te demandaba mucho, nunca tenías tiempo para vernos, aunque estabamos enfermos no te daban permiso de venir a casa. Mi tío ya se fue, una tía vino y dijo que ustedes son eternos, porque su tránsito por nuestras vidas dejó huellas importantes.

Mamita, ya es octubre y en octubre florecen las rosas rojas que te gustaban, no estés triste por mi, no sigas llorando porque te siento sollozar. Te veo con tanto amor cada noche, ya cumpliré 40 años y sigo siendo como una niña, ya se que me crees abandonada, pero leer las letras que dejaste para mi han sido importantes, tú nunca me abandonaste, siempre has estado incluso cuando mi niño estuvo grave.

Te quiero mucho.